Cada vez es mayor el número de trabajadores con un trabajo a turnos. El trastorno del sueño generado por el trabajo a turnos afecta a personas que por motivos laborales o bien suelen rotar frecuentemente los turnos de trabajo (una semana trabajan de mañana, otra de tarde, otra de noche y así sucesivamente) o bien trabajan habitualmente de noche.

 

 
A un trabajador a turnos se le presentan varios problemas: por un lado tiene la necesidad de adaptar su ritmo circadiano u “horario endógeno normal” del organismo al nuevo horario de trabajo y, por otro lado, tiene que luchar contra una serie de factores ambientales externos como la luz del sol, el ruido de los vecinos, de la calle,... y de sus propios hijos, que difícilmente van a entender que su padre necesita dormir bien cuando vuelve a casa después del trabajo.

A todo esto, se le suma el hecho de que la mayoría de los que trabajan a turnos suele tener un déficit de unas 2 a 3 horas de sueño diario con respecto a los que llevan un horario normal debido a que suelen sacrificar parte de su sueño durante el día para poder pasar algo de tiempo con la familia y los amigos o para hacer diversas actividades o recados.

Dentro del trabajo a turnos las mayores dificultades de adaptación van a aparecer en los turnos de tarde o de noche. Si hay cambio de turno el retraso de fase es preferible al avance de fase (ver figura). Los trabajadores se enfrentan mejor a los cambios cuando el turno de trabajo y el sueño se retrasan que cuando se adelantan. (vg: en la mayoría de los sujetos, el cambio se ajustará más fácilmentesi se mueve el turno de la tarde hacia la noche que viceversa).

 

 

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

El síntoma más frecuente es el insomnio (lo más habitual es la incapacidad para dormirse o para mantener la duración total de lo que sería un sueño normal) y, en segundo lugar, la excesiva somnolencia durante el día y/o durante su turno de trabajo. Esta disminución del estado de alerta va a provocar una mayor dificultad para realizar sus tareas,con disminución del rendimiento laboral y un aumento del riesgo de accidentes. Otros síntomas habituales son dolor de cabeza, malestar, cansancio, sensación de falta de energía,...

El trastorno del sueño del trabajo a turnos no afecta por igual a todos los trabajadores; algunos son más susceptibles que otros a padecer este tipo de trastornos. En general, las personas de más edad tienen más dificultades para adaptarse a los cambios que los más jóvenes.


¿Cómo podemos tratar este trastorno del sueño?

En el trabajo a turnos, el objetivo principal va a ser hacer del sueño una prioridad, intentando incorporar lo mejor posible el cambio de trabajo al estilo de vida.

Algunas personas tienen una mayor predisposición a funcionar mejor a ciertas horas del día o de la noche. Esto significa que habrá personas que se adaptarán mejor que otras según sea el turno de trabajo (por ejemplo; personas con una tendencia hacia un retraso de fase se adaptarán mejor a los trabajos con turno de noche). Independientemente de esta predisposición individual, siempre es aconsejable realizar también una preparación al cambio de turno mediante un cambio gradual , varios días antes, en periodos de 2 horas, de la hora de acostarse y de levantarse.

Las comidas deben ser programadas para promover el sueño (tener hambre o comidas demasiado copiosas pueden fragmentar el sueño). A la salida del trabajo, en el camino a casa después de un turno de noche, se aconseja minimizar la exposición a la luz mediante unas gafas oscuras (para evitar que el sol de la mañana active su “reloj interno”). Una vez en casa hay que mejorar el entorno del sueño: la habitación debe ser silenciosa y oscura, el teléfono debe estar desconectado y hay que recalcarle a la familia la importancia de no despertarle en medio de lo que va a ser su principal periodo de descanso. Si se considera necesario, también suele ser una estrategia efectiva hacer algún descanso durante las horas de trabajo (una especie de siestas programadas de unos 20 minutos de duración).

En el trabajo a turnos suele ser habitual también la toma de fármacos hipnóticos, como las benzodiacepinas, para ayudar a conciliar el sueño. Hay que tener cuidado con el uso regular de éstos fármacos por el riesgo de dependencia. En este sentido son preferibles hipnóticos no benzodiacepínicos como el zaleplón o el zolpidem.

La cafeína puede ayudar a mantenerse despierto, aunque debe evitarse conforme se acerca la hora de acostarse. En general, no deben prescribirse fármacos estimulantes como el metilfenidato y las anfetaminas (aunque el modafinil ha sido aprobado recientemente en USA como tratamiento de la alteración del sueño en los trabajadores a turnos). Otras opciones útiles de tratamiento pueden ser la fototerapia y/o la melatonina.

 

 

 



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